Perdida en mi inmenso vacío está
ella, como siempre, acechando a cada paso, esperando cualquier descuido mío
para salir… ¡y destruirme!
Tenía
una sensación rara en el estómago, como un vacío que crecía poco a poco, frío y
oscuro. Sentía que todo le daba vueltas, las cosas crecían y empequeñecían
alternativamente, hasta que por fin se hundió en un remolino de colores que
giraba cada vez más aprisa, no podía detenerse, las náuseas crecían… y ese
maldito dolor de cabeza que martilleaba, martilleaba… su cuerpo se estiraba y
se encogía, se volvía delgado y gordo, mientras toda ella se sentía aplastar y
estirar… infinito dolor, infinita súplica… ¡Basta!
¡Paren por favor! - gritó, y al
mismo tiempo sintió como algo tibio corría por su garganta - ¡Noooooooooggggghhh !
- su grito se ahogó en un rojo brillante
y espeso…
Moriah despertó agitada, aún sentía
ese sabor ferroso en su garganta, el cuerpo le dolía y tenía naúseas, entonces notó que brotaba una
hemorragia nasal, sin pensar en nada se encaminó al baño. Tuvo que darse una
ducha de agua fría para que la sangre dejara de fluir. Luego se cambió de
pijama, quitó las sábanas y la almohada, y colocó otras limpias en su lugar. Se
recostó a dormir, pero no podía, el sueño había llegado, por fin, a su consciente
y no le dejaba cerrar los ojos de nuevo. Moriah intentaba adivinar el
significado, últimamente soñaba cosas parecidas todos los días. Lo que más le
molestaba era despertarse con esa sensación de pérdida, como si parte de sí se
quedara en cada sueño.
Se sentía cansada, volteó a ver las
sábanas sucias, que había puesto en un rincón del cuarto, y pensó - esta vez estuvo fuerte -, padecía esas
hemorragias desde niña, pero por un tiempo no habían aparecido. Moriah incluso
pensaba que jamás volvería a sufrirlas, cuando de pronto una noche volvieron.
Quiso dejar de pensar en la sangre, en el sueño, quiso no sentirse ausente, ni
mareada, pero no podía alejar de su mente la imagen de sí misma encongiéndose y
estirándose. Como si estuviera viéndose en esos espejos de feria que deforman
la realidad. Cerró los ojos para abrirlos inmediatamente, no soportaba la
oscuridad interior, además en cuanto lo hacía volvían los colores dando
vueltas.
Por fin se sentó en su cama, la tenue
luz de su lámpara de noche iluminaba apenas su cuarto. Lo observó
detenidamente, de pronto sintió la infinita necesidad de contemplarse en su
espejo, deseaba ver que no había cambiado, que seguía siendo Moriah y no un
espectro informe. Se levantó y se acercó a su espejo, podía verse de cuerpo
entero, sintió un gran alivio cuando vio que todo seguía igual. Así, a media
luz, giró despacio para poder observarse desde todos los ángulos. Lentamente se
palpó el rostro, el cuerpo, las manos, - sí
- pensó, - salvo que me veo muy
pálida, todo sigue igual-. Y entonces lanzó una carcajada que rompió el
silencio, dejó de reír casi al instante, al recordar que todos en su casa
estarían dormidos.
Luego, más tranquila se dio media
vuelta dispuesta a volver a dormir, - espera
- dijo una voz a sus espaldas. Moriah se detuvo, se había puesto
transparente y un frío intenso comenzó a recorrerle el cuerpo. Tuvo miedo, no
quiso voltear, intentó seguir andando pero sentía su cuerpo paralizado.
- Vamos,
¡voltea ! - repitió la voz, al volverla a oír Moriah la encontró
extrañamente familiar, el miedo empezó a irse.
- ¿Quién
eres ? - preguntó Moriah.
- Tú
- respondió la voz.
- Bueno,
te lo diré de otra forma. ¿Cómo te llamas ?
- Moriah
Lentamente Moriah se volvió, sólo veía
su imagen en el espejo que le sonreía cínicamente mientras se agrandaba, se
achicaba, se volvía gorda y luego flaca, como si el espejo fuera líquido.
Moriah sintió como todo le daba vueltas…
Cuando despertó estaba tirada en el
piso, por su ventana se filtraba la luz de la mañana. Se incorporó despacio,
vio su reloj que marcaba las 9 :00
a.m. - Bueno no es tan tarde - pensó,
se desperezó, tomó sus mancuernas para empezar su rutina diaria de ejercicios,
y de pronto sin más explicación, las arrojó contra su espejo que saltó en
pedazos.
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