Una luz pálida, amarilla, de atardecer
cansado de esperar. Una casa distinta, única, que rompe con la monotonía del
complejo. Y ella, ella en la ventana sentada, mirando el horizonte. Él,
sigilosamente a su espalda la sorprende, la abraza y ambos ríen. Cierro los
ojos y por un instante vuelvo a ser ella.
-
Me gusta amor, esta casa es encantadora
-
¿En verdad te gusta?
-
¡Oh sí, claro!, con algunos arreglos se verá preciosa. Ya pensé que en el
jardín me gustaría una fuente, y un bebedero para aves y un rosal. Y en la
casa…
-Mi
amor - me interrumpiste con tu voz suave - todo eso no cabrá en el
jardincito, es pequeño, quizá el rosal, pero…
-Nada,
ya verás, lo arreglaremos todo. Será fantástico - lo miro, lo beso - te amo -
le susurro.
Abro los ojos. Ahora todo es tan lejano, tan
ajeno a mí. Deambulo por esta casa como el llanto. Miro cada mañana por la
ventana esperando verte aparecer, pero no llegas. Y no entiendo ¿Por qué?
¿Cuánto tiempo he estado así? No lo
recuerdo, pero sé que aún puedo reconstruirte en mi memoria: tus manos, tu
rostro, tu sonrisa, como aquella tarde en la biblioteca. Choqué contigo y mis
libros cayeron al suelo.
-
Lo siento - me dijiste, mientras me ayudabas a recogerlos.
-
No importa, fue mi culpa, venía distraída con tantos libros - intente sonreír y
me topé con tus ojos. Sonreíste
-Eres
linda, ¿sabes?
-
¿En serio? - y miré hacia otro lado mientras me incorporaba.
-
¡En serio!
Sonreí y te miré a un tiempo. Y empezó todo,
así de simple. Un encuentro, una salida y otra y otra y muchas más. El amor era
un lugar común en nuestras miradas. Todo era tan sencillo, tan normal, que me
tomaste por sorpresa, y cuando empezó aquello no supe entenderlo.
***
Acaricio las paredes tratando de retenerte,
y me abrazo de las rosas, que aún crecen aunque no haya nadie que las cuide.
Las noches me son tan inconsecuentes como las madrugadas, lo que me duele es el
atardecer, me recuerda tus besos.
***
Todo fue mudarnos y terminar. Nunca pusimos
el bebedero para pájaros. Todo era un sueño, tú eras tan lindo, tan amoroso,
tan amable. Al principio creí que tus constantes llamadas eran porque me amabas.
Luego comenzaste a sorprenderme, llegabas a cualquier hora y, sigiloso, te
dedicabas a observarme. Tus miradas se volvieron cínicas, tus manos ásperas, tu
sonrisa asfixiante. Comenzó a asustarme tu devoción, tus cambios. Ese constante
dudar de todo lo que significaba yo.
***
Ese día de mi cumpleaños fue toda una
sorpresa, las flores, el desayuno en la cama y los globos. Tú sabes cuánto me
fascinan los globos. Es cierto, estuvimos solos, pero habría otros cumpleaños. Ya
tendríamos tiempo de llenar la casa de gente. Además, así, solos, lo
disfrutamos tanto. Fui feliz. Jamás como entonces. Nos pertenecíamos tan
completamente. Teníamos tanto ¿Quién podría saber? ¿Cómo imaginarlo?
***
Tus besos, tus besos, aún me recorre el
placer que despertaban en mi cuerpo, cierro los ojos, me acaricio los labios…aún
te encuentras allí, no te has ido, me perteneces.
***
Allí está otra vez, me está volviendo loca
oírla, aparece siempre que te recuerdo y me atormenta. Tu risa, de nuevo tu
maldita risa llena mi cabeza. Corro de una estancia a otra, y al jardín, pero
no puedo huir de ella, me persigue una y otra vez. Caigo a los pies del rosal
como aquel día en que por primera vez manchaste de sangre mis labios. Ni
siquiera supe porqué. Alcé mi rostro buscando una explicación en tu mirada,
pero ésta se había tornado dura, cruel, y entonces oí por primera vez tu risa,
tu maldita risa que sigue atormentando mis oídos a pesar de tu ausencia.
***
Tu ausencia, cómo me pesa no tenerte. La
duda me persigue por horas lenta, inexorable y lo envuelve todo en un silencio
oscuro, que me asfixia. Silencio y oscuridad me regresan de nuevo a la tierra
húmeda y tranquila.
***
Y sin embargo, sigo aquí, aferrada a estos
muros que me encierran. Llena de recuerdos que me impiden partir y olvidarte.
Estoy aquí sola esperando el momento de tu regreso. Me atormenta el recuerdo de
tus ojos dulces y tristes al partir. Habían sido violentos, pero justo antes
del final un rayo de ternura atravesó por ellos, y me dio la esperanza de tu
regreso. Me miro al espejo cada vez menos, me asusta el vacío que comienza a
formarse en mis ojos, espero que vuelvas antes que estén perdidos por completo.
La noche se ha convertido poco a poco en parte de ellos, pero las estrellas han
ido desapareciendo y la oscuridad se hace cada vez más intolerable.
***
A veces me abrazo a las rejas que cercan el
jardín deseando irme. Veo pasar los coches y las personas sin que noten mi
presencia. Quisiera gritarles que me ayuden, que deseo huir, dejarlo todo atrás
y olvidarte. Sería inútil. Me creerían loca ¿Huir? Huir de qué si ya te fuiste.
Corro por toda la casa llamándote, esperando encontrarte detrás de cada puerta,
deseo verte y saber. Sólo necesito un porqué para olvidarte e irme. Pero no
deseo hacerlo, no quiero dejarte solo aunque estés lejos. Cómo podrías estar si
sabes que me he ido, que no hay nadie que te espere, cómo abandonarme al olvido
sin volver a verte, sin darme el descanso de calmar mi duda.
***
No entiendo aquella noche. Llegaste tarde y
yo dormía. Desperté al sentir tus manos aferradas a mis brazos, lastimaban. Me
levantaste con violencia y terminé tirada a los pies de la cama. Ni siquiera me
dejaste hablar, gritabas cosas que no entendía y tus manos caían una y otra vez
sobre mí, y dolía, dolía más y más, hasta que el dolor se volvió recuerdo. Me
rodeaba la confusión de los golpes y la sangre. Deseaba huir y no podía
moverme. Gritaba - ¡Te amo! - y me aferraba a tus piernas sin poder detenerte.
No sé cuánto duró el castigo, pero dejé de oírme y comencé a flotar en una
bruma informe que se confundía con tu cuerpo.
***
Empezaste a llorar y a abrazarme, me
acariciabas y me repetías - Te quiero, te quiero, te quiero -, con una voz
suave, rota, mientras toda yo era un charco de sangre y besos. No podía moverme
y traté de hablarte y mi voz sonó fría, muerta. Pero tú no oías, te apasionaba
mi cuerpo desnudo, herido e indefenso. Comenzaste a acariciarme lentamente,
primero los muslos, el abdomen, el cuello y me besaste los labios bajando
lentamente hasta detenerte en mis senos, tu placer era tan grande como mi
sorpresa. El dolor ahogó mis fuerzas. Mi muerte fue tu orgasmo, y tú llanto mi
silencio.
***
El silencio se hizo tan insoportable como la
oscuridad que me rodeaba. Ya no oía tu respiración ni sentía tus besos. Tarde
en darme cuenta que mi cuerpo se sentía fresco y dulce, podía tocar algo suave,
húmedo. - ¡Mis rosas! - pensé - estoy en mis rosas - logré absorberme en sus
raíces, ascender por sus tallos hasta que su aroma me trajo de nuevo a este
mundo y me encontré sola.
***
Por eso sigo aquí, lo gracioso es que nadie
lo note. Tanta gente, tan aprisa, que no vieron nuestra llegada, ni han
presentido mi ausencia y tu partida. Todo lo disimulan las rosas, que siguen
creciendo y esparciendo su aroma. Las paredes se han llenado de humedad, y el
pasto crece a pesar de lo pequeño del jardín. Y sería tan fácil encontrarme.
***
Tengo toda la eternidad para esperarte, sé
que volverás. Me amas, no puedes olvidarme mientras yo siga en esta casa
deteniendo el tiempo, esforzándome en mantener viva mi fragancia y tus
recuerdos, mientras camine por estas paredes sin saber por qué lo hiciste. Tengo
toda la eternidad para esperarte, pero tú, cada día tienes menos tiempo.
***
Por fin se ha ido el atardecer cansado de
esperar tu regreso, la noche ha llegado como cada día, al final de todo. Y
mañana será igual y al otro día y siempre hasta que vuelvas.

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