jueves, 17 de marzo de 2016

Sentencia



- ¿De dónde saliste? 

-No lo sé, venía de por allá, por la vereda

-¿Y tus padres?

-¿Mis padres? Tenía padres. Sí, los tuve. Ahora no sé. 

-¿Cuánto tiempo llevas aquí?

-Aquí no mucho. Pero allá, mucho más allá de donde termina la vereda, el tiempo no pasa. Allá he estado una eternidad. Hasta que apareció la vereda y me regresé hasta aquí.

-No te entiendo. Si sigo esta vereda llego al río, si me regreso llego al pueblo. He andado por aquí muchas veces. Nunca te había visto. A mí se me hace que estás perdido y te dio mucho el sol. Seguro eres de los que vienen de vacaciones y te perdiste. Ven, vamos al pueblo, allá te pueden ayudar.

-No

-No seas necio, allá te ayudarán, te darán comida y otra ropa, esa que traes está toda rota, pareces vago.

-No

-Está bien, si no vienes entonces iré por la policía y ellos te llevarán a fuerzas.

-Eres necia, pero no eres tonta. Sabes que no puedo ir. Seguiré vagando por aquí un tiempo. Luego me encontrarán allá, donde termina la vereda. Pero no sabrán como he llegado, porque tampoco lo sé. No sabrán quién he sido, porque ya lo he olvidado. Nadie conocerá mi nombre ni mi origen. Nadie podrá recordarme y quedaré sin destino ni venganza.

-Hablas bien raro. Yo creo que sí te dio el sol mucho. Has de ser de la ciudad de México. Dicen que allá con tanto smog no da el sol nunca. Se me hace que el aire fresco te dañó el cerebro. Es la última vez que te pido que vengas conmigo. Luego comenzaré a caminar y no me detendré hasta llegar al pueblo con la policía.

-Pues corre, anda. Trae a todos que también negarán lo que sucede. Dirán que no existo y que nada de esto es cierto. Me perderán aún más porque eso es lo que desean. Siempre quieren olvidarme y siempre vuelvo. Me multiplico. Corre niña, si eso quieres. Ellos no vendrán. Nunca lo hacen.

-Ya me estás asustando, creo que estás bien loco. Mejor ahorita vuelvo, voy a traer a alguien que te ayude… Oye, espera, no te vayas ¡Oye! ¡Oye! No me dejes aquí sola, de pronto me da miedo.

-Vete niña, vete ahora. Tengo que volver. Tengo que irme más allá de la vereda. Donde el tiempo quedó detenido para siempre. Allí donde la memoria me falla y el olvido sienta sus reales. Allí donde estamos todos esperando justicia. Vete pero no me olvides. Y diles a todos, a los que nos buscan y a los que nos esconden, que nadie puede deshacerse para siempre de sus muertos.

viernes, 11 de marzo de 2016

Sombra



Hoy lo enterré. 

Fue complicado porque cumplir sus deseos siempre lo ha sido. La casa me parece vacía y silenciosa. Así que pongo música y me tumbo en el sofá con una mantita. Me hacen falta chocolates, pero no ha quedado ni uno. Así que me hago bolita. Cierro los ojos. Siento como mi perra se sube a mis piernas. Y me quedo dormida.

Me despierta el ronroneo de Gato cuando pide el desayuno. Dormí toda la tarde, la noche y parte de la mañana. Siempre es lo mismo cuando estoy deprimida. Aunque su ronroneo me ayuda a sentirme mejor, menos sola, más como parte de una familia.

He redecorado la casa. 

Quizá así lo recuerde menos. Claro que Gato decidió que no hay redecoración completa sin su presencia, por lo que se dedicó a poner patitas en gran parte de la pintura fresca. No he querido borrarlas. Son un buen decorado, muy hipster el asunto. Y lo hizo con toda la parsimonia del mundo, como si eligiera el lugar exacto dónde ponerlas. Al final ha quedado un collage de huellas como muy a propósito.

Gato siempre ha sido tranquilo y amoroso, como un perro independiente. Se dedica a llenar mi mundo. Me permite compartir su espacio. Es elegante, astuto, inteligente. Y pasa todo el día molestando a mi perra. A veces desaparece, pero siempre vuelve con cara de habérsela pasado en grande en algún lugar perdido.

Ha pasado ya una semana. 

He visitado su tumba, bajo el gran árbol. Qué lío fue poder enterrarlo ahí. Alrededor han aparecido flores, blancas con lila, que exhalan un aroma delicioso. Mi perra ha pegado el hocico en la tierra. Ella también lo extraña.

A pesar de todo la casa sigue sintiéndose sola. Nadie me sorprende a la vuelta de la puerta. No me atrapa de pronto en medio de mis pasos. Las noches de películas no están completas sin el interrogante de su mirada sobre la pantalla. Pía, mi perra, me sigue a todas partes. Desde que él se fue se ha tornado miedosa y necesitada. A ratos la sorprendo trepada en el sillón, con la cara pegada a la ventana. Seguro lo está esperando, tal vez nunca se canse de hacerlo.

Así ha pasado un largo año.

En los últimos días Gato ha estado de lo más indiferente. Ya no ronronea por las noches, no se afila las uñas en mis piernas mientras estoy dormida. Cada día sus ausencias son más largas. Anda huraño y enojado. Pero todavía me consuela en mis depresiones. Es más efectivo en eso que Pía. Ella lo intenta, pero no es lo mismo. En cambio Gato sabe exactamente qué hacer para consolarme.

Hoy por fin ha sido el tiempo. 

Sé que debo dejarlo ir de una vez por todas. Esta vez voy sola a visitar su tumba. Me quedo allí largo rato hablando con su sombra. He tenido que decirle que ya no  debe cuidarme. Estoy bien, puedes descansar en paz.

El viento mueve las florecillas lilas que han vuelto a florecer alrededor de su tumba y pareciera que me observan. De pronto son como sus ojos mirándome fijamente como a la pantalla cuando veíamos películas. Está enojado. Acaricio la tierra donde reposa. Es necesario, es necesario que dejes de venir a visitarme. Cada uno debe seguir su camino. Y mis nervios ya no soportan tu presencia en la casa. No es sano. Debes irte. Es tiempo de que descanses. Casi puedo jurar que la tierra bajo mi mano palpita suavemente. Sé que lo entiende. Siempre fue muy inteligente.

Regreso a la casa. Pía ha tomado su lugar en la ventana. Seguro espera que regrese, como siempre. Le acaricio la cabeza –Ya no preciosa. Gato ya no regresará nunca a esta casa.

domingo, 6 de marzo de 2016

Iluazú





El iluazú es un animal nocturno que parece hecho de humo, repta por las paredes y vuela. No es más grande que un ratón, pero su mordida es terrible pues inyecta azúcar de colores. Eso duele mucho y te pinta los dedos como si fueran de arcoíris. Si en la noche ves cómo sube un humo azul por tu pared, lentamente, como en espiral, seguro es el iluazú. 


Aunque de día es insignificante, pareciera un pedazo más de la pared, de color apergaminado, como si fuera algo muy, muy viejo. Si lo llegas a ver no lo asustes, en realidad es de buena suerte y se come todos los bichos que lleguen a tu casa. 


A mí me daba miedo por sus ojos, de color violeta profundo que parecían flotar en la pared cuando el animal subía y bajaba, y por el sonido que hacía cuando estaba triste, parecía llorar quedito, quedito y de pronto, lanzaba un grito largo y agudo, eso podía ser espeluznante.


El iluazú tiene su propio hábitat y dicen que existe uno por cada persona. El mío sólo aparecía en casa de mis abuelos. Será porque el jardín era muy grande, con árboles de durazno y de naranja. Se sabe que a estos animalitos les gusta mucho comerse los azares, así se llaman las flores del naranjo. También aman los duraznos, pero cuando están verdes y son ácidos y duros. 


No se tiene un registro muy claro de todas sus actividades y alimentos, pues son muy escurridizos y desaparecen cuando se saben vigilados. Desaparecer para ellos es fácil, les basta con cerrar los ojos. Entonces el humo se esfuma y toman su forma diurna, como de pedazo de pared descascarada. Además se mueven muy rápido.


Si los atrapas se mueren. No soportan el encierro ni un segundo. Cuando mueren, según cuentan, huele horrible y  se te mete en el alma una melancolía que te puede dejar sin comer por meses y meses.


En cambio, si lo respetas, si lo dejas estar y de vez en cuando le obsequias unos azares o unos duraznos, el iluazú te hará compañía. Aparecerá cuando te sientas solo o triste y se llevará consigo todos tus  miedos. 

De niña me aterraba y ahora lo extraño.

viernes, 4 de marzo de 2016

Eternidad



Una luz pálida, amarilla, de atardecer cansado de esperar. Una casa distinta, única, que rompe con la monotonía del complejo. Y ella, ella en la ventana sentada, mirando el horizonte. Él, sigilosamente a su espalda la sorprende, la abraza y ambos ríen. Cierro los ojos y por un instante vuelvo a ser ella.

         - Me gusta amor, esta casa es encantadora
         - ¿En verdad te gusta?
- ¡Oh sí, claro!, con algunos arreglos se verá preciosa. Ya pensé que en el jardín me gustaría una fuente, y un bebedero para aves y un rosal. Y en la casa…
-Mi amor  - me interrumpiste con tu voz suave - todo eso no cabrá en el jardincito, es pequeño, quizá el rosal, pero…
-Nada, ya verás, lo arreglaremos todo. Será fantástico - lo miro, lo beso - te amo - le susurro.

Abro los ojos. Ahora todo es tan lejano, tan ajeno a mí. Deambulo por esta casa como el llanto. Miro cada mañana por la ventana esperando verte aparecer, pero no llegas. Y no entiendo ¿Por qué?



¿Cuánto tiempo he estado así? No lo recuerdo, pero sé que aún puedo reconstruirte en mi memoria: tus manos, tu rostro, tu sonrisa, como aquella tarde en la biblioteca. Choqué contigo y mis libros cayeron al suelo.

         - Lo siento - me dijiste, mientras me ayudabas a recogerlos.
- No importa, fue mi culpa, venía distraída con tantos libros - intente sonreír y me topé con tus ojos. Sonreíste
-Eres linda, ¿sabes?
         - ¿En serio? - y miré hacia otro lado mientras me incorporaba.
         - ¡En serio!

Sonreí y te miré a un tiempo. Y empezó todo, así de simple. Un encuentro, una salida y otra y otra y muchas más. El amor era un lugar común en nuestras miradas. Todo era tan sencillo, tan normal, que me tomaste por sorpresa, y cuando empezó aquello no supe entenderlo.

***

Acaricio las paredes tratando de retenerte, y me abrazo de las rosas, que aún crecen aunque no haya nadie que las cuide. Las noches me son tan inconsecuentes como las madrugadas, lo que me duele es el atardecer, me recuerda tus besos.

***

Todo fue mudarnos y terminar. Nunca pusimos el bebedero para pájaros. Todo era un sueño, tú eras tan lindo, tan amoroso, tan amable. Al principio creí que tus constantes llamadas eran porque me amabas. Luego comenzaste a sorprenderme, llegabas a cualquier hora y, sigiloso, te dedicabas a observarme. Tus miradas se volvieron cínicas, tus manos ásperas, tu sonrisa asfixiante. Comenzó a asustarme tu devoción, tus cambios. Ese constante dudar de todo lo que significaba yo.

***

Ese día de mi cumpleaños fue toda una sorpresa, las flores, el desayuno en la cama y los globos. Tú sabes cuánto me fascinan los globos. Es cierto, estuvimos solos, pero habría otros cumpleaños. Ya tendríamos tiempo de llenar la casa de gente. Además, así, solos, lo disfrutamos tanto. Fui feliz. Jamás como entonces. Nos pertenecíamos tan completamente. Teníamos tanto ¿Quién podría saber? ¿Cómo imaginarlo?

***

Tus besos, tus besos, aún me recorre el placer que despertaban en mi cuerpo, cierro los ojos, me acaricio los labios…aún te encuentras allí, no te has ido, me perteneces.

***

Allí está otra vez, me está volviendo loca oírla, aparece siempre que te recuerdo y me atormenta. Tu risa, de nuevo tu maldita risa llena mi cabeza. Corro de una estancia a otra, y al jardín, pero no puedo huir de ella, me persigue una y otra vez. Caigo a los pies del rosal como aquel día en que por primera vez manchaste de sangre mis labios. Ni siquiera supe porqué. Alcé mi rostro buscando una explicación en tu mirada, pero ésta se había tornado dura, cruel, y entonces oí por primera vez tu risa, tu maldita risa que sigue atormentando mis oídos a pesar de tu ausencia.

***

Tu ausencia, cómo me pesa no tenerte. La duda me persigue por horas lenta, inexorable y lo envuelve todo en un silencio oscuro, que me asfixia. Silencio y oscuridad me regresan de nuevo a la tierra húmeda y tranquila.

***

Y sin embargo, sigo aquí, aferrada a estos muros que me encierran. Llena de recuerdos que me impiden partir y olvidarte. Estoy aquí sola esperando el momento de tu regreso. Me atormenta el recuerdo de tus ojos dulces y tristes al partir. Habían sido violentos, pero justo antes del final un rayo de ternura atravesó por ellos, y me dio la esperanza de tu regreso. Me miro al espejo cada vez menos, me asusta el vacío que comienza a formarse en mis ojos, espero que vuelvas antes que estén perdidos por completo. La noche se ha convertido poco a poco en parte de ellos, pero las estrellas han ido desapareciendo y la oscuridad se hace cada vez más intolerable.

***


A veces me abrazo a las rejas que cercan el jardín deseando irme. Veo pasar los coches y las personas sin que noten mi presencia. Quisiera gritarles que me ayuden, que deseo huir, dejarlo todo atrás y olvidarte. Sería inútil. Me creerían loca ¿Huir? Huir de qué si ya te fuiste. Corro por toda la casa llamándote, esperando encontrarte detrás de cada puerta, deseo verte y saber. Sólo necesito un porqué para olvidarte e irme. Pero no deseo hacerlo, no quiero dejarte solo aunque estés lejos. Cómo podrías estar si sabes que me he ido, que no hay nadie que te espere, cómo abandonarme al olvido sin volver a verte, sin darme el descanso de calmar mi duda.

***

No entiendo aquella noche. Llegaste tarde y yo dormía. Desperté al sentir tus manos aferradas a mis brazos, lastimaban. Me levantaste con violencia y terminé tirada a los pies de la cama. Ni siquiera me dejaste hablar, gritabas cosas que no entendía y tus manos caían una y otra vez sobre mí, y dolía, dolía más y más, hasta que el dolor se volvió recuerdo. Me rodeaba la confusión de los golpes y la sangre. Deseaba huir y no podía moverme. Gritaba - ¡Te amo! - y me aferraba a tus piernas sin poder detenerte. No sé cuánto duró el castigo, pero dejé de oírme y comencé a flotar en una bruma informe que se confundía con tu cuerpo.

***

Empezaste a llorar y a abrazarme, me acariciabas y me repetías - Te quiero, te quiero, te quiero -, con una voz suave, rota, mientras toda yo era un charco de sangre y besos. No podía moverme y traté de hablarte y mi voz sonó fría, muerta. Pero tú no oías, te apasionaba mi cuerpo desnudo, herido e indefenso. Comenzaste a acariciarme lentamente, primero los muslos, el abdomen, el cuello y me besaste los labios bajando lentamente hasta detenerte en mis senos, tu placer era tan grande como mi sorpresa. El dolor ahogó mis fuerzas. Mi muerte fue tu orgasmo, y tú llanto mi silencio.

***

El silencio se hizo tan insoportable como la oscuridad que me rodeaba. Ya no oía tu respiración ni sentía tus besos. Tarde en darme cuenta que mi cuerpo se sentía fresco y dulce, podía tocar algo suave, húmedo. - ¡Mis rosas! - pensé - estoy en mis rosas - logré absorberme en sus raíces, ascender por sus tallos hasta que su aroma me trajo de nuevo a este mundo y me encontré sola.

***

Por eso sigo aquí, lo gracioso es que nadie lo note. Tanta gente, tan aprisa, que no vieron nuestra llegada, ni han presentido mi ausencia y tu partida. Todo lo disimulan las rosas, que siguen creciendo y esparciendo su aroma. Las paredes se han llenado de humedad, y el pasto crece a pesar de lo pequeño del jardín. Y sería tan fácil encontrarme.

***

Tengo toda la eternidad para esperarte, sé que volverás. Me amas, no puedes olvidarme mientras yo siga en esta casa deteniendo el tiempo, esforzándome en mantener viva mi fragancia y tus recuerdos, mientras camine por estas paredes sin saber por qué lo hiciste. Tengo toda la eternidad para esperarte, pero tú, cada día tienes menos tiempo.

***

Por fin se ha ido el atardecer cansado de esperar tu regreso, la noche ha llegado como cada día, al final de todo. Y mañana será igual y al otro día y siempre hasta que vuelvas.