jueves, 4 de agosto de 2016

Rota



(Abril, 2006)
 
Desperté jalando aire en bocanadas intensas... aire entrecortado y húmedo, casi podría jurar que con sabor. Me presentí al otro lado de inmediato, hambrienta, así que decidí no incitarme con movimientos innecesarios.

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Otra vez esa mano que sale de ninguna parte, que nos arroja migajas de no sé qué porquería; en tí no me importa, comería piedras; pero yo no lo soporto. Es nauseabundo el tiempo en esta oscuridad incalculable.
 
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Terminé de tragar y no he hecho más que observarme desde la otra esquina. Eso me pone nerviosa pero no pienso perder la calma y darme la oportunidad de saltar sobre mi espalda. Ya no recuerdo cuando inicié a acecharme de esa manera. He perdido la cuenta de los días que han transcurrido desde la última vez que estuve entera.

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He comenzado a rascar de nuevo, maldita esperanza que me impulsa, debería haber aprendido ya a aguardar que, por fin, un día me muera y todo acabe. Así lo hago cada vez que abro los ojos, espero el final de cualquier manera... lo espero aquí sentada parpadeando; pero cómo me desespera el sonido de mis dedos aferrados en arañar la tierra. Debería callarme, a lo menos así podría pensar en paz.
 
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Hoy sucedió de nuevo, me di la espalda una fracción de segundo y estuve a punto de matarme, pero no pienso dejárselas tan fácil, si me quieren muerta que vengan y me maten.
 
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¡Maldita mano que tira porquerías!...maldita yo que me veo comer incontrolable... maldito ese estúpido que repite incesante: "sólo eres tú, no hay más nadie".

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