I
Engendrada entre paredes
Cuatro paredes blancas…
ese era todo su mundo. Cuatro paredes blancas como pilares de luna. Sin
ventanas, sin cielo, sin noche… ni día, ni calor ni fresco. Sólo las paredes y Ella
en el medio. Siempre estaba desnuda pero no lo sabía. El suelo era suave y no
existía brisa que lastimara su blanca piel. En ocasiones dormía y cuando
despertaba guardaba la sensación de haber tenido otra vida, de conocer otros
colores y haber olido otro mundo. Pero allí no sabía nada, no necesitaba nada
porque nada conocía.
Cuatro paredes blancas eran
todo su mundo. Sin comida, sin hambre, sin necesidades básicas. No hablaba ni
reía. Simplemente caminaba alrededor acariciando las paredes o se sentaba en el
medio sin pronunciar palabra. Su mente estaba tan blanca como los muros. Sólo
en ocasiones, después de esos sueños aparecían tenues marcas en sus sienes…
imágenes en su cabeza que se desvanecían como brisa matutina. Primero fueron
muy esporádicas, Ella casi no dormía. Pero poco a poco comenzaron a aumentar
esos lapsos de inconciencia.
Ella siempre desnuda… Ella
de piel tan blanca… comenzó a pintarse toda con el color de la grana. No
necesitó más, con sus manos manchadas tocó una de las paredes que se tiñó de
mañana. Cuatro paredes blancas, los pilares de su luna, se rompieron en
cascada.
Búsqueda de papel
Se
deslizaba lenta, cabezas de paloma que tenían salidas entre el laberinto.
Saltos y saltos al vacío sin sentido. Saltos que terminaban en luto, en llanto.
Gemidos de carreras en la soledad del violín que salía de algún lugar
inaccesible. Escucha.
Loca de
papel crecida entre las lunas de noviembre, olas en espiral, como carrusel
bailando, rápido, rápido, más rápido en vueltas constantes de locura asceta, de
pájaros que no encuentran el rumbo. Tanto salto al vacío, tantos mirlos
creyéndose gavilanes.
Ella amó el
cielo tanto como el infierno, pero no podía estar en ambos, ni quedarse en
medio. Así, se deslizó lenta al infinito, hay hombres que se conforman con una
respuesta, pero Ella, mujer intensa, no pudo sino buscar las respuestas
múltiples del sentido de eternidad.
Se
deslizaba lenta, devorada por los nocturnos aullidos del mar. Música entre los
planetas y las constelaciones. Guiada por las estrellas que son soles, por los soles
que son galaxias... finalmente fundida, loca, extasiada saltó al vacío sin
ninguna lágrima, el sentido lo llevaba dentro.
II
Primer día
Simplemente llegó al mundo
como a cualquier otra parte, sin ninguna expectativa, sin ninguna duda, sin
ningún prejuicio, sin nada más que Ella misma. Lo demás... lo demás, como todo,
llegó por añadidura.
Segundo día
Lo primero que vio fue un
resplandor, claro que aún no sabía lo que era ni como se llamaba, pero esa
imagen la acompañó hasta su muerte. Andando el tiempo se preguntaba si la
muerte sería también un intenso y cegador resplandor que rompiera en llanto al
tocarse suavemente.
Tercer día
Ese día decidió comunicarse,
no era llanto, era algo más básico, como el rugir del hambre y del sueño.
Atrapó al vuelo la palabra que pasaba, era simple y serena. Descubrió su poder
y la magia de enunciarla. Le atrajo el sonido de su voz caminando en la
montaña. Todo era nuevo y sin nombre... ese día nació la mañana.
Cuarto día
Fue la oscuridad por primera
vez a Ella. Ese día conoció la desesperación y las lágrimas, el dolor sin
recuerdo, la ausencia, las batallas. No hubo descanso. Sólo sinrazón y
sinsentidos. Había visto ya la oscuridad antes del primer día, pero no la
recordaba densa, sino sutil y tranquilizadora. Hoy por fin, conocía aquella de
la que le advirtieran en su blanca morada de los sueños. Al final del cuarto
día se derrumbó entre las piedras.
Quinto día
Fue una de esas jornadas
arduas, que parecen alargarse hasta el infinito. Sin aviso, una inconstancia
salada alcanzó su corazón; un vaivén suave como el murmullo de una rabia tenue,
de una vena furtiva. Nunca antes había conocido la profundidad del garzo.
Sintió miedo una fracción de sonrisa y luego, luego se sumergió en su paz
revuelta de mareas. Se dejó arrastrar por la inconstancia sin más promesas que
un beso.
Sexto día
Nauseas y perdición. Cuántos
sabores faltaban para una vida. Cuántos errores. Ese día vomitó sobre sí misma
en un acto de rebelde mascarada.
No hacía falta presentirse
más por ahora. Se dejó arrastrar, incluso la nausea podría ser una gran
experiencia.
Séptimo día
"Nosotros", su
segunda palabra mágica, transformó la percepción del tiempo y de Ella misma.
Era nosotros ahora como antes nada. Lo curioso es que con “nosotros” llegó la
soledad y la tristeza. No lo había comprendido hasta que incluyó a “nosotros”
en su vida. Ese pequeño cambio lo pluralizó todo, lo transformó en una rueda,
lo asfixió... y así, volvió a quedar una... pero ahora escindida.
Octavo día
Fue un día verdaderamente laberíntico
para su vida. Nada se encontraba en su lugar y todo estaba allí. ¿Hubiera
consentido llegar a vivir si lo hubiera sabido antes? No era la primera vez que
se hacía esa pregunta. En realidad no se la hacía, sólo intuía esa desazón de
escoger. Quizá en algún momento los días dejarían de ser tan largos y podría
recordar las noches. Hasta este instante no había tenido consciencia clara de
ello: no conocía la noche.
Noveno día
Guerra, no con el mundo; con
Ella misma que a fin de cuentas es también con todos. Ese vano intento de ir
más allá y toparse con esa pared que es el miedo. Alta, fría, lisa…sin
posibilidad de rodearla. NO, al miedo hay que enfrentarlo como al toro, es
decir, tomarlo por lo cuernos. Pero cuando es una pared tan grande ¿qué hacer? Bueno,
Ella se estrelló contra el muro y se hizo daño; intentó rodearlo y nunca
encontró el fin; quiso escalarlo y siempre terminó cayendo… y así lastimada,
herida, llorosa, despeinada, en un último intento asumió la pared y se recargó
en
ella… y, como quien no quiere la cosa, atravesó al otro lado.
ella… y, como quien no quiere la cosa, atravesó al otro lado.
Décimo día
Después de la rueda pero
antes del exilio, Ella fue intensa. Podía caminar los silencios y desarmar los
abismos. Podía mover el mundo con un dedo. Podía... pero seguía allí entre
todos esos y estos y los otros. Todos mutilados y revueltos.
Había poesía, pero no
esperanza; y belleza, pero no fuerza. Había... pero todo se diluía lentamente
entre las ruinas de lo que alguna vez se irguió en la vastedad del universo.
Se preguntaba entonces, si
amanecer de nuevo tendría sentido, si dejarse anochecer valdría la pena.
Onceavo día
Sumisión. Conciencia
inesperada de pertenecer a algo. De reconocer y obedecer reglas y malabares.
Obediencia no fue suficiente. Necesitaba sumisión.
El undécimo día conoció el aberrante
vacío de no ser más nunca por sí misma...eternidad.
Hasta que un canto liláceo
en el resplandor de su muerte la regresó completa y diferente.
Doceavo día
Lunar. De profundidades
mistéricas y ensoñaciones. De no llegar a ninguna parte pero creerlo todo.
Circular como el infinito dolor que la pierde lentamente... lentamente cae en
una noche interminable... interminable su ausencia...
Ella tan fuerte, ella tan sola, ella tan siempre... de pronto se encontró frágil y diferente, se tornó vulnerable y sollozante. Mujer al fin y al cabo, pero no "una mujer", sino "la mujer". Esa que inició todo con el llanto y lo terminó con sonrisa.
Ella tan fuerte, ella tan sola, ella tan siempre... de pronto se encontró frágil y diferente, se tornó vulnerable y sollozante. Mujer al fin y al cabo, pero no "una mujer", sino "la mujer". Esa que inició todo con el llanto y lo terminó con sonrisa.
Definitivamente, el doceavo
fue un día de brumas sin recompensa.
Treceavo día
Llegó a ella la intolerancia
y con ello el abuso y la discriminación. Le cansaba caminar entre tanta
porquería, entre tantos "yo" gritando que tenían razón. Le aturdían
las incesantes respuestas en favor y en contra, los reclamos, las voces
afirmando, la estupidez... y estalló.
Una furia intensa se dibujó
en su rostro y se crisparon sus manos y a punto estuvo de caer en la trampa y
quedar atrapada en el corredor de merolicos. Pero ella, tan intensa, restalló
como látigo de fresca mañana y suspendió entre partículas de polvo toda
replica, toda sinrazón, todo grito... dejó a los "yo" hechos pedazos
y ya limpia, vacía, se alejó silbando, viva y libre.
