En ocasiones aún puedo ver ese pasillo olvidado, la carta
fugaz que aún no sé si leíste. Todavía escapo miedosa de un reloj imaginario y
corro a una puerta que nunca está cerrada, pero no puedo cruzarla por más que
lo intento.
Y esa voz que me dice son las tres de la mañana.
Las campanadas,
tu mano rápida, el pasillo, la carta. Tus pasos resonando sin poder alcanzarlos.
Un portón algo viejo que jamás está abierto. Y mis ojos cerrados que no encuentran
tu imagen. Tu sonrisa flotando alrededor.
Y despierto.
Siempre de nuevo en mi cama sin pasillos ni puertas, sin
relojes ni carta, ni portón, ni sonrisa.
¿Cuántos años han sido?
Y aún me persiguen tus ecos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario