miércoles, 10 de octubre de 2018

Señorita Kreativitet


Era uno de esos días con el mar agobiante, continuamente le sucedía. Caminaba sola por cualquier rumbo para poder concentrarse y dejar de sentir que su cabeza pesaba. Era un dolor sordo, lejano y persistente. Lo padecía desde niña. Ese sonido monótono como el silbato de un barco que se alargaba lentamente a lo largo de los días, hasta que llegaba ése en que se convertía en peso, en fardo que la arrastraba sin importar cuánto se resistiera.

Eran días grises en los que siempre caminaba. El aire en el rostro le ayudaba a sentirse viva. Un día tras otro sin encontrar sentido. 

Los demás no lo entendían. 

¿Cuál era el problema de tener días grises? ¿Qué acaso los otros tenían colores?

Los otros no existían. Sus días eran un espectro de todas las tonalidades de grises imaginables. 

Y ella necesitaba vida. Por eso caminaba hacia cualquier rumbo. Deseaba tomarse el verde de los árboles, el rojo de las bocas, el amarillo de los impermeables, colores, colores, necesitaba colores con que cubrir su gama existencial.

Y hoy era uno de esos días de agobiante mar, de gris sobre gris y para colmo llovía. Los días lluviosos no le ayudaban en nada, porque los colores se apagaban, toda la vida languidecía entre las gotas. Furiosas las de hoy, multitudinarias, estruendosas, acompañadas de truenos que retumbaban dentro del silbato de barco y empeoraban todo. 

Salió bajo la lluvia.

Caminó hasta empaparse, lo que no fue tanto. Se paró en medio de nada y se puso a gritar, quería sacar ese sonido de su cabeza, gritando, gritando, hasta que el grito se volvió llanto. Y entre lágrimas la vio. No captó de inmediato porque su cabeza estaba pesada y era lenta. Tuvo que parpadear varias veces para verla claramente.

Allí, frente a sus ojos estaba la mujer más curiosa que hubiera visto, con los cabellos rosados levantados en un peinado como de la época de Luis XV y rematado con un curioso moño con flores blancas, de piel casi transparente y vestido naranja intenso y un pequeño dije en forma de corazón verde. Tenía pájaros saliendo de su cabeza, con pinceles y telas y colores y texturas; y una jaula en el medio con la puerta abierta. Al verla sintió que una energía la desbordaba. Una comprensión que jamás había experimentado. 

Y en un parpadeo desapareció.

Volvió la lluvia, el gris intenso, el peso en la cabeza, pero por un momento todo se había ido.

¿Qué había hecho? ¿Sería el grito?

Gritó de nuevo.

Solo lluvia.

Probó a llorar.

Una lluvia más intensa.

Se quedó allí sentada en el charco en espera … y entonces se dio cuenta hacia dónde estaba mirando.
Su descubrimiento fue tan violento que se fueron a un tiempo el dolor y la lluvia, el gris, el silbato de barco, el mar agobiante, y solo quedó lugar para los pájaros y los colores, para el cabello rosado y el vestido naranja. Se levantó saltando y riendo mientras acariciaba su dije de corazón verde.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Acústica



Resultado de imagen para pasillo

En ocasiones aún puedo ver ese pasillo olvidado, la carta fugaz que aún no sé si leíste. Todavía escapo miedosa de un reloj imaginario y corro a una puerta que nunca está cerrada, pero no puedo cruzarla por más que lo intento. 

Y esa voz que me dice son las tres de la mañana. 

Las campanadas, tu mano rápida, el pasillo, la carta. Tus pasos resonando sin poder alcanzarlos. Un portón algo viejo que jamás está abierto. Y mis ojos cerrados que no encuentran tu imagen. Tu sonrisa flotando alrededor. 

Y despierto.

Siempre de nuevo en mi cama sin pasillos ni puertas, sin relojes ni carta, ni portón, ni sonrisa.

¿Cuántos años han sido?

Y aún me persiguen tus ecos.