(Abril, 2006)
Desperté
jalando aire en bocanadas intensas... aire entrecortado y húmedo, casi podría
jurar que con sabor. Me presentí al otro lado de inmediato, hambrienta, así que
decidí no incitarme con movimientos innecesarios.
...
Otra vez
esa mano que sale de ninguna parte, que nos arroja migajas de no sé qué
porquería; en tí no me importa, comería piedras; pero yo no lo soporto. Es
nauseabundo el tiempo en esta oscuridad incalculable.
...
Terminé de
tragar y no he hecho más que observarme desde la otra esquina. Eso me pone
nerviosa pero no pienso perder la calma y darme la oportunidad de saltar sobre
mi espalda. Ya no recuerdo cuando inicié a acecharme de esa manera. He perdido
la cuenta de los días que han transcurrido desde la última vez que estuve entera.
...
He
comenzado a rascar de nuevo, maldita esperanza que me impulsa, debería haber
aprendido ya a aguardar que, por fin, un día me muera y todo acabe. Así lo hago
cada vez que abro los ojos, espero el final de cualquier manera... lo espero
aquí sentada parpadeando; pero cómo me desespera el sonido de mis dedos
aferrados en arañar la tierra. Debería callarme, a lo menos así podría pensar
en paz.
...
Hoy sucedió
de nuevo, me di la espalda una fracción de segundo y estuve a punto de matarme,
pero no pienso dejárselas tan fácil, si me quieren muerta que vengan y me
maten.
...
¡Maldita
mano que tira porquerías!...maldita yo que me veo comer incontrolable...
maldito ese estúpido que repite incesante: "sólo eres tú, no hay más
nadie".