jueves, 4 de agosto de 2016

Rota



(Abril, 2006)
 
Desperté jalando aire en bocanadas intensas... aire entrecortado y húmedo, casi podría jurar que con sabor. Me presentí al otro lado de inmediato, hambrienta, así que decidí no incitarme con movimientos innecesarios.

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Otra vez esa mano que sale de ninguna parte, que nos arroja migajas de no sé qué porquería; en tí no me importa, comería piedras; pero yo no lo soporto. Es nauseabundo el tiempo en esta oscuridad incalculable.
 
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Terminé de tragar y no he hecho más que observarme desde la otra esquina. Eso me pone nerviosa pero no pienso perder la calma y darme la oportunidad de saltar sobre mi espalda. Ya no recuerdo cuando inicié a acecharme de esa manera. He perdido la cuenta de los días que han transcurrido desde la última vez que estuve entera.

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He comenzado a rascar de nuevo, maldita esperanza que me impulsa, debería haber aprendido ya a aguardar que, por fin, un día me muera y todo acabe. Así lo hago cada vez que abro los ojos, espero el final de cualquier manera... lo espero aquí sentada parpadeando; pero cómo me desespera el sonido de mis dedos aferrados en arañar la tierra. Debería callarme, a lo menos así podría pensar en paz.
 
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Hoy sucedió de nuevo, me di la espalda una fracción de segundo y estuve a punto de matarme, pero no pienso dejárselas tan fácil, si me quieren muerta que vengan y me maten.
 
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¡Maldita mano que tira porquerías!...maldita yo que me veo comer incontrolable... maldito ese estúpido que repite incesante: "sólo eres tú, no hay más nadie".

miércoles, 3 de agosto de 2016

Tan sólo un sueño

(Escrito en 1997)


La noche es clara, fría. Las calles están desiertas. Ya es más de media noche. Apenas y se oye el murmullo de las estrellas, el rumor de mis pasos. El silencio es roto aquí y allá por el ruido suave de un sueño o por el ronroneo agitado de una pesadilla.


¡Vaya! – pienso –quien diga que en esta ciudad ya no existe tranquilidad que salga a pasear a sus calles a las dos de la mañana. Mi pensamiento es interrumpido por una voz áspera – ¡Deténgase! ¡Esto es un asalto! Deme todo lo que traiga ¡Vamos! – saco lentamente mi billetera, me doy media vuelta y… 

¡Nada, nadie!, me encuentro absolutamente solo en medio de la calle.


Finjo no darle la menor importancia y sigo mi camino, sólo que ahora un extraño escalofrío recorre mi cuerpo ¡Y de pronto lo comprendo todo! Sin darme cuenta caminaba en el sueño de un vecino –vaya cosas que sueña la gente– pienso –y vaya susto que me llevé. Continúo mi camino.


Mientras me deslizo entre las telarañas soñolientas de los demás, me preguntó qué es lo que me incita a realizar este camino noche tras noche. No sé, tal vez las ganas de aventuras, tal vez sólo la curiosidad o tal vez…


– ¿Qué es esto? – Pregunto pues un nudo de telarañas ha inundado la calle, – ¿Pero qué  se cree esta señorita? ¿La mujer araña? – y al tiempo que digo esto rompo las finas telas disipando la neblina de sus sueños. Me asomo. ¡Oh! la he despertado.


– Siento sinceramente haberle robado sus sueños, pero los necesito – le digo – ¡Adiós eh! Y siga durmiendo.


            Pobre chica, cree que sigue soñando. Observo de nuevo –¡Las tres y media! está cerca el amanecer, es hora de buscar refugio – sonríome ante esta frase –Mmh, cualquiera que me oyera pensaría que soy un vampiro, pero no –me digo. 


Aunque… Es verdad, el día me convertiría en suave bruma si me llega a sorprender fuera de mi refugio. Es verdad, también robo a los demás algo de su ser, también fui creado por la febril imaginación humana, también soy un ser, mejor dicho, un espectro de la noche. ¿Y qué? Dentro de la ficción tengo un grado infinitamente inferior al vampiro, pues mientras él está instalado en la categoría de inmortal leyenda, yo…         


Sí, ahora sé lo que me incita a recorrer este camino noche tras noche. Y ahora sé también, porqué todos los vecinos de esta cuadra se levantan por la mañana y le comentan preocupados a la primer persona que se encuentran – ¡Vaya! Soñé algo muy extraño, pero por más que lo intento no logro saber lo que fue – y sienten esa sensación extraña que deja el sueño y se preguntan insistentemente – Pero, ¿qué pudo haber sido?


Yo los escucho desde mi guarida complacido y pienso – ¡He sido yo! ¡Yo! Un pedazo de imaginación humana ¡Tan sólo un sueño que se niega a morir!